Fluir

Ver una obra de teatro, asistir a un partido de fútbol, visitar el Museo del Prado.

Nos hace felices.

Y sin embargo…

Hacer teatro, jugar al fútbol, pintar.

Nos hace aún más felices… con independencia de nuestro nivel técnico.

Una buena manera de incrementar nuestra felicidad pasa por comprender que involucrarnos en actividades nos sienta mejor que el disfrute pasivo.

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Si entiendes Estadística

Si entiendes Estadística, no tienes problema en montar en avión, pero evitas la bicicleta de carretera.

Si entiendes Estadística, cuando llega una pandemia que mata a 1 de cada 700 ciudadanos, te vacunas en cuanto puedes.

Y si entiendes Estadística, durante esa misma pandemia, evitas tajantemente los lugares cerrados, si bien no temes las infrecuentísimas reinfecciones.

Si entiendes Estadística, no gastas dinero en el tarot ni juegas a la lotería, salvo que sea por diversión.

Si entiendes Estadística, votas al partido que te gusta y no al del voto útil.

Si entiendes Estadística, no optas por el seguro extra ante el alquiler de un coche.

Si entiendes Estadística, viajas por tu cuenta a lugares remotos, pero proteges tu ordenador con contraseñas robustas.

Si entiendes Estadística, no fumas, pero no te asustas ante un dolor de cabeza.

Si entiendes Estadística, no eres racista.

Y sin embargo…

No enseñamos Estadística.

Como si no fuera una herramienta fundamental para caminar por la vida.

Como si no fuera la verdad vendida al peso.

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El precio de innovar

A casi todos nos gusta innovar.

Porque innovar es hacer cosas nuevas.

Y porque, cuando estas cosas funcionan, nos dan una ventaja.

A los innovadores les gusta hablar de esas ventajas.

Y algunas personas, a veces, las compran.

Y sin embargo…

Hacer cosas nuevas implica riesgos.

De hecho casi seguro conlleva errores, retrasos e incluso acccidentes.

Las bicicletas, los antibióticos, las televisiones. Trajeron problemas hasta que dejaron de hacerlo.

Pero a menudo los innovadores tienden a no avisar sobre esos problemas, que están asegurados por el hecho de crear cosas que no existen.

Y en otras ocasiones, es el que compra el que no quiere entender que con el beneficio viene el sacrificio.

Que si una innovación garantizara el éxito, no sería una innovación.

Huye de los que quieren tu innovación pero no asumen su precio.

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Expertos y emprendedores

Dentistas, pilotos, ebanistas.

Si se trata de enfrentarse a un problema conocido, necesito un experto.

Porque conocen las soluciones.

Y sin embargo…

Los expertos sólo saben sobre las ideas del pasado.

Si necesito trabajar en ideas futuras, no necesito un experto.

Porque los expertos son las personas que te dicen cómo algo no puede hacerse. Hasta hoy.

Para las ideas nuevas, necesito un emprendedor.

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Cazadores recolectores

Un cazador recolector comía lo que cazaba o recolectaba.

Es obvio, pero encierra una idea explícita: si un día no cazaba o recolectaba, no comía.

Nuestro desarrollo nos ha traído cosas buenas y malas, siendo una de las buenas que, aunque un día no caces, puedes comer igualmente.

Y sin embargo…

El riesgo que acarrea esa distribución social del riesgo es que no nos estimula a cazar cada día.

Al principio sólo lo hacemos cada dos días, luego una vez a la semana, luego una vez al mes…

Mientras la nómina siga llegando, ¿para qué esforzarse?

El problema es que puede transcurrir toda una vida sin haber aportado nada significativo.

Por ello una buena práctica puede ser comportarse como si lo que hicieras cada día en particular fuera lo que obtienes en tu mesa.

No siempre cazarás un jabalí. A veces será un pájaro o quizá recolectes unas hierbas.

En realidad depende de ti.

Así que ¿qué quieres comer hoy?

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Cambiar la pregunta

Un nuevo tratamiento, un coche que contamina menos, un derecho para los trabajadores.

Son respuestas.

Las respuestas que otorgamos para intentar hacer nuestra vida mejor.

Las herramientas con las que, poco a poco, caminamos por el delicado límite entre conservar lo que funciona y progresar en lo que no funciona tanto.

Y sin embargo…

¿Por qué se caen las manzanas de los árboles? ¿Habrá tierra al otro lado del mar? ¿Por qué no votan las mujeres?

Son preguntas.

Las preguntas que nos permiten dar saltos inmensos en nuestra comprensión del mundo.

Las respuestas son el cómo y las preguntas son el qué.

Son las preguntas, no las respuestas, las que definen quiénes somos, qué queremos alcanzar y por qué vivimos.

O como dijo Jorge Wagensberg: Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución.

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Políticos o colaboradores

Los políticos son las personas que saben navegar con éxito las instituciones.

Como el Cardenal Mendoza, valido de los Reyes Católicos, a cuya biografía merece la pena echar un vistazo en Wikipedia.

Los colaboradores son las personas que, al navegar con éxito, hacen mejorar las instituciones.

Como Cristobal Colón, quien, mientras el Cardenal Mendoza hacía política, se dedicó a descubrir América.

No hay una sola persona que prefiera los políticos a los colaboradores, porque los segundos trabajan duro con el fin de sumar y aportar.

Y sin embargo…

Los políticos prosperan.

Y no sólo en los Estados. También lo hacen en los pueblos, en las empresas y en los servicios de cirugía de un hospital.

¿Por qué?

Básicamente porque a medida que las instituciones se hacen más grandes, inconscientemente todos premiamos el comportamiento político.

Porque, desde nuestros ancestros primates, estamos hechos así.

Pero es posible evitar ponérselo fácil a los políticos y ayudar a los colaboradores, si:

  • evaluamos con respecto a los objetivos, no a las explicaciones (los políticos son mejores comunicadores que estrategas)
  • ayudamos a las personas con inclinación a innovar (con los inevitables fracasos que eso conlleva), que no se aferran a posiciones conservadoras en las que se aseguran la ausencia de riesgo
  • contamos más con las personas que trabajan en equipo (son fáciles de identificar, ya que en su discurso usan «nosotros» en lugar de «yo»)

Las personas que entienden que las metas personales pueden alcanzarse a través de las metas del grupo tienen un valor incalculable. Y hay que cuidarlas.

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¿Por qué o para qué?

Lo natural, lo instintivo cuando alguien ha hecho algo que desaprobamos, es preguntarle “por qué”.

Y sin embargo…

Lo que ocurre es que la mayoría de las veces esa pregunta es un callejón sin salida. Las razones últimas por las que lo ha hecho son difíciles de conocer, incluso para él o ella.

Te dará una respuesta, sí, pero es improbable que sea la que buscas.

Y lo más importante, es poco probable que su respuesta te ayude a entender su actitud; mucho menos a conectar para hacerle cambiar la próxima vez.

En lugar de todo ese camino de reproche e irritación, existe una fórmula casi mágica, un milagroso desatascador de situaciones incómodas.

Basta con preguntar “¿para qué lo has hecho?” y la conversación empezará a fluir por si sola.

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Verdad alternativa

Flores de bach, homeopatía, reiki.

¿Por qué hay gente que cobra por ofrecer remedios que no están demostrados?

En el mejor caso, quienes lo ofrecen no saben que aunque ellos honestamente crean que funciona, no es ético venderlas si no lo han demostrado.

Son chamanes.

Aquí entran los de las limpiezas de colon, entre otros.

En el peor caso, son conscientes de que no funciona y actúan sin ética.

Son vendedores del tónico milagroso.

Aquí entra la exitosa industria de la homeopatía, entre otros.

Y sin embargo…

La pregunta no es por qué hay vendedores, sino por qué hay compradores.

Y la respuesta tiene que ver con la responsabilidad de quienes no hemos educado a la sociedad en la aceptación de que el espectro de la realidad es mucho más amplio que lo que la estrecha ciencia puede ver.

Es de quienes hemos malcriado en la idea mágica de que la Medicina lo sabe y lo puede todo, generando niños frustrados que, ante la cruda realidad de los límites del conocimiento, corren enfadados a los brazos de su chamán.

Chamán que, muy avispado, ha inventado toda una nueva liturgia para el siglo XXI, con su correspondiente lenguaje: detoxificar, intolerancias, ozono.

Distintos tiempos, mismos falsos mitos.

O como dijo Tim Minchin: «¿Sabes cómo se llama la Medicina alternativa cuando funciona?: Medicina»

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¿Y si todos se tiran por un puente?

-¿Y si todos se tiran por un puente, tú también te tiras?- preguntan los padres a sus hijos cuando éstos intentan justificar una conducta indebida, excusándose en la colectividad.

Y sin embargo…

Resulta que la psicología social no hace sino dar la razón a esta manera de actuar.

En efecto, de entre todos los elementos a los que puede atribuirse la motivación para poner en marcha una conducta, no se conoce ninguno tan poderoso como el de “todos lo están haciendo”.

Naturalmente este hecho nos despierta un fuerte rechazo, por la ausencia de criterio y de valores que sugiere. Pero hoy sabemos que está en lo más ancestral de la antropología el actuar como lo hagan los demás.

El “miedo a quedarse fuera” tiene un poder inmenso para promover conductas, desde comprar un producto hasta dejar de fumar.

Si vas a planear una estrategia es una buena idea enfocarla pensando en la tribu, en que la decisión está más relacionada con el grupo que con la racionalidad consciente.

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