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Desenfoque temporal

Cuando aún falta tiempo para que lleguen, los compromisos incómodos no lo parecen tanto.

Algunos experimentos psicológicos nos han enseñado que, ante una cena o un madrugón que no nos apetece (no nos apetecerá), no ponemos impedimentos si distan aún varias semanas hasta su llegada, debido a que no tenemos una imagen nítida del sacrificio que realmente supondrá.

Los pequeños detalles que hacen incómoda cualquier actividad (conducir, salir a la calle con frío, conversar con quien no nos apetece, la falta de sueño…) parecen no existir en la borrosidad de un futuro que perfilamos de forma grosera.

Lo curioso es que este fenómeno consistente en la atenuación de la negatividad provocada por la lejanía temporal no mejora con la experiencia. Caemos una y otra vez.

Por eso seguimos aceptando compromisos con alegría, de los cuales nos arrepentimos en cuanto se acercan, hasta el punto de acabar en ocasiones cancelándolos.

Antes de aceptar algo que en realidad dudamos “porque aún falta mucho” es importante recordar: lo que ahora está lejos, en breve será literalmente mañana.

Si no vas a querer hacerlo, el momento para rechazarlo, aunque no lo parezca, es ahora.

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