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Desinfoxicación

El ser humano moderno, sobrealimentado, ingiere más calorías de lo que resulta sano.

Y el ser humano moderno, sobreinformado, ingiere más noticias de lo que resulta sano.

El principal precio que pagamos por recibir demasiada información es el del secuestro de nuestra atención, la cual no puede ser empleada en lo verdaderamente útil.

Hasta aquí, más o menos, lo hemos oído.

Y sin embargo…

La infoxicación trae consigo otro precio que no solemos considerar.

El que pagamos cuando, abrumados por el exceso de datos, perdemos la capacidad de distinguir lo cierto de lo incierto; lo que es plausible o razonable de lo que no lo es.

Hasta el punto de llevar a un número no despreciable de personas a manifestarse contra la inventada creación artificial de un virus, promover el rechazo a las vacunas o sencillamente a defender que la Tierra es plana. Los disparates no tienen por qué tener límite.

Lo paradójico está en que, a medida que la información siga creciendo en internet, más ridículas serán las creencias que algún grupo estará dispuesto a defender.

El fenómeno es curioso, está servido e irá en aumento: a más información, más fácil resultará convencer de ideas más y más absurdas.

Habría sido difícil predecir que, en la era de la información, la desinformación se volvería una amenaza de tan grande envergadura.

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