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Dinero y honor

Ese hermano o ese primo que se llevó en la herencia más de lo que debía, te hizo una gran faena.

Y no por el dinero que te ha hecho perder, sino por el dilema ante el que te ha puesto; un conflicto prolongado en el tiempo del que no sabes cómo salir.

Si lo olvidas, lo perdonas, te sentirás eternamente tonto. Es tu honor, tu orgullo, el que estará lesionado para siempre. Resulta hiriente que se salga con la suya.

Si decides hacer “justicia” no hablándole nunca más, habrás perdido un hermano (o un primo), tus cenas de Navidad serán más tristes y tus hijos, veinte años después, dirán que con ellos no iba la cosa, que a ellos les habría gustado tener más niños con los que jugar.

Resulta que el estudio científico más largo jamás llevado a cabo, ha seguido la vida entera de cientos de personas, para finalmente comprobar qué les hizo más felices o infelices.

Y sí, la soledad provocada por los conflictos interpersonales prolongados, era la primera causa común para una vida infeliz.

¿Qué tal usar esto para darle la vuelta? Pensar que no eres tonto si estás haciendo lo que racionalmente es mejor para tu felicidad, si reconoces que una vida satisfactoria es infinitamente más importante que el orgullo de poner las cosas en su sitio.

Tu bienestar frente a su inconsciencia.

A menudo, si no siempre, es más importante ser feliz que tener razón.

Y el dinero no es honor. Es sólo dinero.

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