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El engaño de Platón

Si la ciencia no nos enseñara que al sonreir, aunque sea sin ganas, necesariamente nos acabamos sintiendo mejor.

Si las relaciones sexuales no produjeran oxitocina, que nos llevara a generar un inevitable afecto hacia la pareja sexual, por poco que nos interese.

Si al correr por el parque no nos pareciera todo más optimista, más alegre y más vivo.

Si tras una noche de alcohol, no fuera habitual la depresión por haber empleado demasiado rápido nuestras reservas de serotonina.

Si el llanto de un bebé no activara la secreción de leche en la madre a metros de distancia.

Si todo eso y mucho más fuera cierto, entonces mente y cuerpo serían cosas separadas.

Y sin embargo…

Aunque Platón nos engañara durante dos mil años, mente y cuerpo son uno.

Actuemos en consecuencia.

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