en Sin categoría

El tiempo y el miedo

Casi ninguno de nosotros teníamos miedo a volar cuando lo hacíamos de niños.

De igual forma que, ya de adolescentes, no teníamos miedo a saltar al agua desde el acantilado.

O como, a los dieciocho, no nos daba miedo conducir por la autovía por primera vez.

Y por suerte al joven emprendedor no le da miedo lanzar una empresa imposible.

Como el joven actor sale a menudo con un desparpajo imposible al escenario en su primera función.

Y sin embargo…

Con el paso de los años nuestra perspectiva del riesgo cambia.

Con cada vuelo, algunos tenemos más miedo, porque pensamos en todos los accidentes aéreos de los últimos años. O simplemente porque somos conscientes de la idea tan descabellada que representa estar en el aire en una máquina a cientos de metros.

No nos atrevemos a saltar al mar desde la altura porque pensamos en ese caso de quien quedó accidentado para siempre.

Cuando alguien querido tiene que viajar, sentimos un pequeño nudo en el estómago que no desparece hasta que llega el esperado mensaje: «Ya he llegado. Te quiero»

El emprendedor con una idea que cambiará el mundo (todos los emprendedores creen tener una idea que cambiará el mundo porque esto es lo que los define), piensa más que antes en los competidores y en los riesgos económicos.

Y el actor gana respeto al público sólo para descubrir que es más inseguro que nunca.

Conviene recordar que el miedo es también una variable dependiente del paso del tiempo.

Porque la ausencia de miedo es en parte consecuencia de la ignorancia, como la sabiduría es, si hemos hecho las cosas bien, una consecuencia del tiempo.

4