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Explorando sinergias

Nuestro tiempo es lo único que en realidad tenemos; razón más que suficiente para emplearlo bien, evitando reuniones que nos hagan perderlo. El problema es que resulta muy difícil saber tras qué matorral saltará la liebre; cuál será el hilo del que, tirando, lleguemos al siguiente gran proyecto.

Sin embargo, éste no es un motivo para aceptarlo todo “por si acaso”. Sencillamente se vuelve ingobernable. Por más que el instinto nos pida explorarlo todo, en algún momento hay que detectar lo menos eficiente y declinar la invitación con toda amabilidad y respeto.

Existen un par de palabras clave, trucos que pueden ponernos en la pista:

  • “Colaborar”: una de las top. Quien habla de ello suele estar diciendo “me suena que lo que haces se parece a lo que quiero yo, pero no tengo la menor idea de lo que busco ni de lo que quiero”. Altamente probable que implique mucho tiempo y poco resultado.
  • “Explorar sinergias”: es similar a la anterior, pero tiene además un componente de posicionamiento duro, tipo “lo que yo tengo vale mucho y quiero ver lo que tienen otros, incluido tú”. No sólo será infructuoso, sino que puede ponerte en peligro de copia o de crítica injustificada.

Ante este tipo de aproximaciones (y otras del estilo), además de rehusar, existe un camino que pasa por pedir por favor un documento que contenga el ámbito concreto en el que llevar a cabo la prueba de concepto conjunta. En el 90% de las ocasiones nunca llegará nada al correo.

Lo normal es que las asociaciones que merecen la pena estén claras: “tú haces esto y yo hago esto otro, que además no se pisan y sucede que los clientes reales con los que YA HE HABLADO están demandando tener conjuntamente; cojamos este proyecto que me han pedido y hagámoslo, a ver qué tal funciona”.

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