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La lotería irracional

En un día pre navideño en Madrid, los cientos de personas que hacen cola bajo la lluvia durante las horas de su sábado, sonrientes, para comprar un décimo de la lotería del Gordo en Doña Manolita, nos están enseñando una valiosa lección: los humanos pueden tener comportamientos extremadamente irracionales.

Porque la probabilidad de que les toque la lotería (que por cierto es asombrosamente baja cuando se hacen los cálculos) es exactamente la misma si lo compran en la administración de la calle paralela, que permanece vacía; o incluso si lo adquieren por internet.

Pero todo eso a los humanos les da igual.

Porque estamos maravillosamente diseñados para creer en los mitos, las supersticiones y los rituales.

Porque en 2019 el pensamiento mágico domina nuestras vidas tanto como en el Paleolítico. Otros pensamientos, misma magia.

Por eso la Economía del Comportamiento lleva años estudiando los laberintos por los que discurrimos cuando optamos por conductas económicamente ilógicas; algo que hacemos a diario ante elementos relevantes, como los descuentos, las hipotecas, las pagas extra, los planes de pensiones, etc.

Algo fundamental, la irracionalidad, a considerar cuando diseñamos cualquier sistema en el que los humanos vayan a tener que hacer elecciones.

O sea, en todos los que se conocen.

Así que me voy en este momento a comprar un décimo, porque ¿y si toca?

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