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Las razones de un hater

Un hater no aparece porque sí.

Siempre hay una razón detrás.

Las razones pueden bien clasificarse en dos grandes grupos.

Unas son las irracionales, las psicológicas. Tienen que ver con la frustración y con el ego. Suelen enraizarse en vidas incompletas, ausente autoestima,… la mala estrella de no haber podido ser lo que se quería ser. Y en que ahora molesta que otro sujeto esté satisfecho, haga algo distinto, funcione.

Las otras son de tipo racional. Son las del interés o el egoísmo. Tienen que ver con anteponer intereses espúreos, a menudo inconfesables por su mezquindad. Lo que se pone en marcha aquí no es el odio (como en el caso anterior), sino el miedo a ser desplazado.

Ambos grupos tienen algo en común: no hay un incentivo para desvelar las causas de forma transparente, con lo que existe un enorme riesgo de engancharse en la discusión sin llegar a ningún lado.

Y sin embargo…

Lo que en realidad funciona (a menudo mágicamente) es descubrir la razón última e ir a por ella.

Olvidar el insulto (nadie dice que sea fácil) y hablar sólo de lo que subyace. Deshacer el nudo.

No siempre funciona, pero frente al hater es nuestra única oportunidad.

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