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Llamando a Shakespeare

Un estupendo ejercicio puede consistir en apagar el móvil en el cine y el teatro, antes de entrar por la puerta.

Si eres despistado y no te has acordado, ¿qué le vamos a hacer?

Pero si eres consciente, es una buena sensación la que se experimenta al ejercer un acto de libertad sobre nuestro impulso, apagando el aparato antes de acceder al templo de la imaginación, al sitio donde uno vive otras vidas y visita lugares en los que nunca estará.

Ya en la calle, cuando vuelvas a encenderlo, serás una persona diferente. Porque eso es lo que tiene el espectáculo cuando es bueno. Te transforma. Y conviene recordar que una fugaz ojeada a la pantalla en mitad de la cuestión hace que toda la magia que se ha construido minuciosamente para ti, simplemente desaparezca.

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