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Nómada y sedentario

Un proyecto necesita, sin duda, una persona que lo dirija. Alguien que conozca todos los mecanismos internos, que detecte cuándo las piezas no encajan y que mantenga a la organización alineada y satisfecha con lo que hace.

Pero lo que a menudo se nos escapa es que un proyecto necesita, además, alguien que se ponga la mochila y salga a descubrir. Un explorador que pase la mayor parte del tiempo fuera de casa, hablando, tomando ideas, contando a los demás su misión.

No es un comercial ni un responsable de marketing. Es un trabajo mucho más intangible y difícil de medir, porque tiene que ver con las personas y con las ideas, no con los procesos o los documentos.

La inmensa mayoría de los proyectos cubren la primera parte, pero es la segunda parte, casi siempre olvidada, la que encierra el secreto de los éxitos y los fracasos.

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