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Novedades, mi teniente

En el ejército, una de las primeras cosas que se aprende es a dar siempre las novedades al superior.

Nunca guardárselas “por no molestar”. Éste el error del principiante.

Lo mismo hacemos en las guardias médicas; si das las novedades sobre el paciente, nunca te equivocas.

Y sin embargo…

Por alguna razón el instinto nos lleva a no hacerlo.

Pero dar las novedades es una conducta aplicable a innumerables ámbitos de la vida, desde una avería en la casa de la que somos inquilinos hasta un comportamiento sospechoso en el metro.

La regla es fácil: si no eres el máximo responsable y ocurre algo anormal, callarse nunca es la opción correcta.

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