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Palabras sagradas

Durante siglos, las personas han acudido de forma regular a las palabras sagradas, contenidas en ese libro en el que se confía por encima de todo, o al menos más allá que lo que se confía en cualquier otro criterio.

La forma habitual para su lectura es a diario, en breves dosis de verdad y sabiduría.

Contar con un libro sagrado es reconfortante e incluso práctico, pues aporta en todo caso un punto de referencia.

Y sin embargo…

Puede que no seas creyente o que seas un racionalista, pero la cuestión está en que no por ello resulta una mala idea contar con tu lectura diaria sagrada.

No tiene por qué hablar sobre mitos religiosos ni tiene por qué tratarse de un libro. Quizá sea un blog o la columna de un periódico.

Lo que sabemos es que contar con esos instantes personales será tan útil como para mucha gente lo fue (y lo es) una escritura sagrada.

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