en Sin categoría

¿Por qué o para qué?

Lo natural, lo instintivo cuando alguien ha hecho algo que desaprobamos, es preguntarle “por qué”.

Y sin embargo…

Lo que ocurre es que la mayoría de las veces esa pregunta es un callejón sin salida. Las razones últimas por las que lo ha hecho son difíciles de conocer, incluso para él o ella.

Te dará una respuesta, sí, pero es improbable que sea la que buscas.

Y lo más importante, es poco probable que su respuesta te ayude a entender su actitud; mucho menos a conectar para hacerle cambiar la próxima vez.

En lugar de todo ese camino de reproche e irritación, existe una fórmula casi mágica, un milagroso desatascador de situaciones incómodas.

Basta con preguntar “¿para qué lo has hecho?” y la conversación empezará a fluir por si sola.

0