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Por su propio peso

Si en la calle encontramos a un grupo de personas situadas alegremente junto a un puesto que anuncia un libro religioso, ¿qué pensamos de ellas?

A menudo, sin titubeo, asumimos que viven en un gran error de perspectiva, fruto de alguna idea arbitraria que un caldo educativo concreto consiguió meter en sus cabezas, y que, con posterioridad, una dinámica de grupo alcanzó a consolidar y expandir, hasta convertirles en personas intolerantes y fanáticas.

-Qué equivocada está esta pobre gente– pensamos mientras nos dirigirnos a la manifestación en defensa de nuestra nación…

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