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Pulsar un botón

Pedir una hamburguesa, enviar un e-mail, descartar en Tinder.

Es fácil darle a un botón.

Y sin embargo…

Hacerte una crema de verduras para comer, llamar por teléfono para entender, tomar un café para conocerse.

Cuando introduces el «para qué» resulta obvia la necesidad de dar un paso más.

Casi ninguna de las cosas que merecen la pena se consiguen pulsando un botón.

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