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¿Quién vivirá para siempre?

Sencillamente no lo sabemos aún. La inmortalidad es una habitación a la que nos hemos asomado, si bien demasiado oscura para sacar conclusiones sobre lo que hay en ella.

El experto, que conoce los mecanismos moleculares subyacentes, dirá que no. Que es imposible por los fenómenos físico-químicos de aquí y de allá.

Pero el ignorante se pregunta qué impedirá que ese secreto también se domine. Qué razones naturales impiden que podamos parar el proceso, sustituir las piezas, subir la conciencia a un microchip.

Si ocurre, se detendrá la Historia y desaparecerá la Religión, además de hacer todas nuestras leyes y principios socioeconómicos automáticamente inservibles.

Muchos afirman no querer vivir para siempre. Y ciertamente hay buenas razones para ello, pero debemos acordarnos de las personas que, ya muy mayores en la cama de Urgencias, luchan por vivir sólo unas horas más. Si tienes claro que no lo deseas, me gustaría preguntarte qué dirías si cada día pudieras apretar un botón para dejar de existir, por ejemplo, junto a tus hijos o junto al amor de tu vida. ¿Lo apretarías hoy o quizá esperarías a mañana?

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