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Ritmos naturales

Regar más veces las plantas no las hace crecer más deprisa.

Hay un tiempo, un ritmo natural que no podemos modificar aunque queramos.

En la sociedad de la inmediatez hemos generado la artificiosa sensación de que, con más esfuerzo, más dinero, más “likes”, más publicidad, más correos electrónicos, más reuniones… todo puede acelerarse.

Pero a menudo no es cierto.

Algunas cosas, con frecuencia las más relevantes, requieren un tiempo inmutable.

¿Y por qué?

Porque la cabeza va deprisa, pero las emociones van despacio.

Y aunque nos incomode, son las emociones las que en realidad rigen la vida y sus decisiones.

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