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Sólo un poco más optimista

De manera natural e incontrolable, tiendo a pensar en el mundo tan caótico en el que vivimos, en el que la destrucción ecológica y los conflictos políticos, sin olvidar la pobreza, nos llevan por una preocupante deriva. Leo las noticias, cargadas de problemas de alcance global y tengo la sensación de que el mundo es un lugar violento y hostil.

Sin embargo, pienso en los psicólogos que nos recuerdan insistentemente cómo nos traiciona nuestra evolutiva capacidad para apegarnos a lo negativo, como eficaz forma de supervivencia. – No nacimos para ser felices- nos dicen- sino para sobrevivir y aumentar la especie-. Y nada más efectivo para sobrevivir que fijarse en lo negativo, en los peligros, en lo que va mal. Por eso es complicado defender un discurso optimista, empeñarse en que el mundo nunca estuvo tan bien como lo está hoy.

Probemos con algunas estadísticas referentes al último siglo.

En cien años, en el mundo:

  • la esperanza de vida ha aumentado 37 años (se ha más que doblado), habiendo crecido ésta 34 años en África
  • hemos reducido la mortalidad infantil del 18% al 4,3%, con una caída reproducible en todos los continentes
  • hemos reducido la mortalidad materna en un 99%
  • hemos reducido el coste del acceso de la electricidad por 20
  • hemos reducido el coste del acceso al transporte por 100
  • hemos reducido el coste del acceso a las comunicaciones por 1000
  • hemos hecho descender el analfabetismo de un 80% a un 15%
  • los años de educación por sexo han pasado de diferencias de un 100% a un 20% en África o de un 80% a un 10% en Asia

Y desde 1950:

  • El producto interior bruto ha aumentado 3,5 veces (2,8 en Latinoamérica, 7,8 en Asia y 2 en África)
  • La pobreza extrema (se considera pobreza extrema vivir con menos de 1,9 dólares al día) ha pasado en el mundo del 42% al 11%, confirmándose la caída en todos los continentes.

Y lo que más impactante me resulta en materia de optimismo: nunca como hoy murió (en proporción) “tan poca gente” por muerte violenta en el mundo ni hubo un número menor de conflictos bélicos en marcha. Los accidentes de tráfico matan a más gente que las guerras y el terrorismo juntos.

¿Y en España? Desde 1950:

  • Los años medios de educación por adulto han pasado de 3,8 a 11
  • La esperanza de vida ha pasado de 60 a 78
  • La mortalidad infantil ha pasado del 12% al 0,4%

En todo caso recomiendo ver las impresionantes conferencias del recientemente fallecido Profesor Hans Rosling, del Instituto Karolinska…

Pero si el mundo es hoy mejor que nunca, lo que cabe preguntarse es por qué no lo percibimos de esta manera. Aquí van algunas ideas sobre los sesgos de la intuición que pueden estar influyendo:

  1. Nos enteramos de una mala noticia cada minuto, por lo que creemos que son más frecuentes. Dicho de otra forma, mientras las cosas malas que suceden en el mundo no sean cero, siempre habrá una mala notica que dar (para con ello activar a nuestro sistema límbico y así vender más periódicos)
  2. No estamos hechos para ser felices optimistas, sino insatisfechos supervivientes, al acecho de cualquier asunto negativo que incorporar a nuestro sistema de creencias
  3. Confundimos desigualdad con pobreza. La creciente desigualdad en algunos países, como EEUU, Italia, Suecia, Alemania o Reino Unido, nos hace confundir la importancia del tamaño de una casa, frente al hecho de que las personas estén más sanas, bien alimentadas y disfruten sus vidas. Mark Zuckerberg es muchísimo más rico que nosotros, pero su acceso a “lo importante” es fundamentalmente el mismo que el nuestro y, progresivamente, el de más y más gente. Esto no fue así durante miles de años.
  4. Confundimos “el mundo de nuestro pasado” con nuestro pasado mismo. Cuando pensamos en ‘los buenos tiempos’, idealizamos la época en la que crecimos, una época en la que no teníamos que pagar facturas ni teníamos responsabilidades. Como si lo que echásemos de menos no fuera el mundo de nuestra juventud, sino nuestra juventud en si misma.

En todo caso, en mi opinión, y a pesar de todo lo anterior, sí hay algunas razones para estar preocupados por la deriva del mundo. Aquí las expongo:

  • Cada vez es más fácil que una persona pueda hacer daño a muchas personas; fundamentalmente por razones tecnológicas
  • Seguro que llegaremos a saber cómo sostener el planeta… pero no sabemos si será a tiempo. No queda claro si llegaremos a evitar el desastre ecológico al que en la actualidad nos dirigimos. Todo apunta a que no.
  • Las 100 personas más ricas del mundo tienen lo mismo que la mitad -4.000            millones- más pobre de la humanidad (por mucho que desigualdad no sea pobreza, esta estadística es alucinantemente injusta)
  • En 1940 había 7 muros fronterizos en el mundo; en 2019 hay 77. En contra de lo que creemos, no es el dinero lo que domina el mundo, sino las ideologías, los mitos nacionalistas y las religiones; mi preocupación radica en que frecuentemente se fanatizan y en que, con frecuencia, estos mitos son la causa de esos muros.
  • Hay elementos caóticos e impredecibles (energía nuclear, meteorito,…), si bien son poco probables

Con todo, el futuro no es un lugar al que vamos, sino un espacio que estamos creando, en el que tenemos que tomar decisiones en las que se contraponen: utilidad o intimidad; seguridad o libertad; comunicación o secreto; especie o individuo; supervivencia o felicidad; democratización o el valor de lo único.

Qué camino tomaremos, está aún por ver.

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