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Tiene usted razón

No está justificado. Ni siquiera aunque tengas razón. Aunque el vuelo se haya retrasado, la garantía no lo cubra o el ticket de compra diga lo contrario de lo de más allá.

La persona que está ahí, de pie, atendiéndote, no tiene por qué soportar otra palabra grosera, recibir los golpes, aguantar los gritos. Tragar con otro numerito.

En primer lugar, porque con alta probabilidad no es la responsable. De hecho, probablemente nadie lo es en concreto. O el que lo es, ni lo sabe. Viene de una inercia, de una estrategia firmada en un despacho en Dublín hace 3 años. Vaya usted a saber.

En segundo lugar, porque el sujeto en cuestión recibe un sueldo miserable por aguantar hora tras hora, día tras día a impresentables, a adolescentes, a hooligans, a señores que realmente están en lo más íntimo convencidos de que a un precio determinado puede obtenerse el derecho a faltar al respeto.

Pero sobre todo, porque a todos nos haces un poco más amarga la vida.

No dudo que hayan fallado; no es eso. Lo que dudo es que te compense empeñarte en que lo sepa el que tienes delante por la vía del enfrentamiento y la rabieta. A menudo, si no siempre, es mejor ser feliz que tener razón.

Recuerdo todas las veces en que no me comporté correctamente y puse a una persona (que estaba, lo mire como lo mire, en inferioridad) en una situación incómoda. Al recordarlos, pienso en que me gustaría tenerlos a todos justo hoy aquí, para poder decirles “lo siento”.

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