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Y el ganador es

Si me llamas para que te ayude a innovar, ya te adelanto lo que voy a aconsejarte.

Convoca un concurso.

Las competiciones son una herramienta excepcional para motivar. Generan intención, emoción, conversación en la cafetería.

Sacan lo mejor de la gente, consiguen los desvelos que todo buen proyecto requiere.

Hacen tabla rasa entre expertos y noveles, eliminado prejuicios curriculares hacia la consecución de la solución para un problema concreto.

Bien lo saben los que tienen que repartir el dinero para investigación científica.

Y sin embargo…

Y sin embargo, para el que está empezando un proyecto sólo valen la primera vez.

Importante es ganar un concurso para lanzar algo a la realidad. Pero igualmente arriesgado es caer en la tentación de intentar sostener un proyecto a base de concursos.

La energía que debemos poner en montar un modelo sostenible, por el que alguien esté dispuesto a pagar, puede fácilmente disiparse de convocatoria en convocatoria.

Más peligroso aún, generan una falsa sensación de éxito, con la comodidad de no tener que mostrar ningún resultado.

Es pan para hoy y hambre para mañana.

Con uno o dos concursos es suficiente. El resto no son para ti.

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