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Impuestos revolucionarios

La plusvalía del ayuntamiento, la garantía del lavavajillas, una multa de aparcamiento, la factura de Vodafone.

Continuamente la vida nos pone delante situaciones en las que debemos pagar algo que no nos corresponde.

Con independencia de la cantidad, enseguida se nos activa un sentido del agravio, un deseo de resarcimiento moral.

Esto sí que no lo pago. Me cueste el esfuerzo que me cueste.

Y sin embargo…

A menudo pelear va en nuestra contra.

Las horas empleadas se suman al tiempo pensando en el asunto.

Es como si lo mejor fuera trazar una línea racional, en frío, sólo a partir de la cual vamos a actuar.

Una cantidad que cada uno calcula en función de su poder adquisitivo.

La cual nos permita dejar pasar todas las pequeñas cosas en las que no merece la pena luchar. Y sentir el alivio.

Al fin y al cabo, la energía que ahorramos la pondremos en lo que de verdad nos importa.

O incluso en batallas que sí compensa ganar.