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Tolerante a fallos

Los equipos de baloncesto, las abuelas y los semáforos, todos ellos son imperfectos.

Aunque vivamos inmersos en una ilusión de totalidad (funciona/no funciona), en realidad todo lo que sí funciona lo hace hasta un punto.

Son inevitables lo imprevisible, el error, la mala suerte.

Y sin embargo…

Tenemos la posibilidad de organizar las ciudades, los programas informáticos y las agendas de tal forma que, cuando fallen, las consecuencias sean aceptables.

No es tener sistemas perfectos.

Es tener sistemas tolerantes a fallos.